Biodiversidad. La “ciudad perdida de los incas” se yergue en un paraje de asombrosa biodiversidad. Helechos y orquídeas, aves y mariposas, osos de anteojos son parte de su exuberante naturaleza.
Una serie de factores que van desde el clima, su ubicación en la vertiente oriental de los Andes, la sucesión de montañas y hondonadas hasta llegar a sus cursos de agua crean una diversidad de pisos ecológicos y 10 zonas de vida (según el sistema Holdridge) que van desde los 2.000 hasta más de 6.000 metros sobre el nivel del mar, en el nevado Salkantay. Esta diversidad de hábitats favorece la proliferación de variedad de especies de flora y fauna que son uno de los grandes tesoros de Machu Picchu al que no se le presta atención suficiente. Natura y cultura conviven aquí de manera admirable. La “llacta” es tanto una maravillosa obra de la ingeniería inca y su entorno natural.
Paraíso botánico
Las distintas zonas de vida permiten la existencia de una variada gama de especies de flora. Se pueden observar espesos bosques típicos de la selva alta y vegetación propia de las altas cumbres. Los fascinantes bosques de neblina cubren las escarpadas pendientes, y en las montañas proliferan inmensos helechos, coloridas orquídeas de asombrosas formas y bromelias, así como cerca de noventa especies arbóreas con un tronco de diámetro mayor a 10 centímetros (esto constituye una de las más altas cifras registradas la selva alta, o rupa-rupa, según la denominación del Amauta Javier Pulgar Vidal). Entre el recurso forestal se distinguen especies maderables como el cedro, el laurel entre otras.
Pero son las flores, fundamentalmente las orquídeas, las que llaman la atención por la cantidad de especies allí albergadas y por su variedad de coloridas formas, así como los insectos asociados a su intrincado proceso de polinización.
Vida para proteger
El Santuario Histórico de Machu Picchu es hogar de una abundante fauna. Allí sobreviven variadas especies en vías de extinción como el oso de antejos (oso andino o ucumari, Tremarctos ornatus), el único oso existente en sudamérica. El puma es otra de las criaturas que por allí pululan, así como el pudu o sachacabra, el simpático venado enano (Mazama chunnyi), el zorro andino, la nutria de río, la taruca (muy cotizada por los cazadores “deportivos”), entre otras. Hay también peligrosas serpientes como la coral, de muy activo y rápido veneno. Machu Picchu es también un paraíso para los entomólogos por la gran variedad de insectos, entre los que sobresalen las mariposas. Han sido registradas más de 400 especies de aves, entre las que sobresale el ave emblema del Perú, el gallito de las rocas, la pava montesa, el cóndor, loros, picaflores, entre otros. Un paraje para descubrir, estudiar y admirar.
Es pues Machu Picchu un verdadero santuario de vida natural, un refugio para centenares de especies, un paisaje mágico, enigmático, donde la naturaleza dialoga con la cultura como en ningún otro punto de nuestro planeta.
Fuente y fotografias: El comercio - Perú.
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“Llacta Inca”: Investigaciones recientes han identificado a Machu Picchu como una llacta, es decir una construcción cuyo núcleo es una huaca en una accidentada área andina. Actualmente su uso excesivo como atractivo turístico atenta contra su adecuada conservación.
Por: Mariana Mould De Pease*
Historiadora
La edificación inca de Machu Picchu —en el siglo XV de la era cristiana— por Pachacútec Inca Yupanqui sobre cimientos anteriores ha sido sustentada en base a fuentes arqueológicas e históricas por el fallecido arqueólogo estadounidense John H. Rowe.
El arqueólogo Luis G. Lumbreras considera que Machu Picchu fue la “casa” que escogió Pachacútec para mantener su cuerpo eternamente, al cuidado de su panaca —sus familiares en línea directa— que vivía en este poblado dedicado a su memoria y culto.
El antropólogo Fernando Astete enfatiza —en base a la lectura de las crónicas e investigación documental administrativa y probanzas de servicios a la corona española, efectuadas por Mereida Puma Soria y Carlos Ayme Carrasco— que entre los incas no existió la noción de propiedad privada. Astete también rechaza la propuesta del antropólogo estadounidense Richard L. Burger y su esposa, la arqueóloga peruano-estadounidense Lucy Salazar, que presenta a Machu Picchu como el lugar de descanso de Pachacútec, a manera del “Camp David”, lugar de esparcimiento de los presidentes estadounidenses.
Turistas: No poner un límite de visitantes al santuario lo atenta contra la integridad física y la autenticidad arqueológica.
También hay que tener en cuenta que algunos especialistas afirman —en base a similar documentación— que Machu Picchu fue edificado por Wiracocha, antecesor inmediato de Pachacútec y que este lo confinó allí luego de vencer a los chancas, en el actual Ayacucho por haber huido durante la batalla, a pesar de ser un inca ungido.El fallecido antropólogo Emilio Mendizábal observa que Machu Picchu no tiene las características de la ciudadela latina, como difundió Hiram Bingham; y, argumenta, que debemos llamarla llacta, dado que su núcleo es una huaca, que en este caso son las piedras de la accidentada área andina en que este poblado fue ubicado por los incas.
Ya es evidente que la investigación interdisciplinaria nos está dando una explicación plausible para entender qué fue Machu Picchu a partir de la sustentabilidad de sus valores científicos y estéticos, así como de la supervivencia de sus recursos originales.
¿Qué es endurecer Machu Picchu?
Se trata —aquí— de hacer esta llacta inca inmune a la dinámica de la investigación interdisciplinaria para dar prioridad a su uso turístico. Este concepto fue introducido, en el 2004, durante la evaluación de la gestión pública ambiental y de patrimonio cultural de Machu Picchu por la arqueóloga estadounidense Margaret MacLean, como asesora de la Contraloría General de la República, para explicar las consecuencias negativas a mediano plazo que tiene el dar prioridad el uso turístico de esta llacta inca sobre su preservación cultural y natural.
No se debe endurecer Machu Picchu porque es el símbolo de la continuidad del Perú milenario hasta estos días, dado que fue inscrita como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en 1983. Esta inscripción se debió a que es una singular obra arquitectónica del genio humano; porque es un testimonio único de una tradición cultural (inca); porque se engarza de manera magnífica con la geología andina; por su excepcional diversidad biológica. En resumen, el perfecto ensamblaje incaico de sus piedras con el entorno natural son valores universales sobresalientes.
El trazo arquitectónico así como la distribución dual de los espacios —entre otros aspectos arqueológicos y de las ciencias naturales— han permanecido sin alteración alguna en Machu Picchu desde hace casi quinientos años debido a que se despobló rápidamente porque los españoles no se instalaron allí de manera permanente.
Ya el Centro del Patrimonio Mundial ha hecho saber al Perú —en su lenguaje diplomático— que Machu Picchu está siendo paulatinamente endurecido por el desborde turístico y consecuentemente está perdiendo sus valores universales sobresalientes.
¿Cómo revertir esto?
Esa dependencia de la Unesco ha destacado que el Perú tiene que prestar específica atención —entre otros puntos— a que:
Los marcos legales deben armonizar unos con otros, ya que hay medidas y vacíos regulatorios en conflicto que van en detrimento de una eficiente y coordinada ejecución de las disposiciones de protección del sitio;
Debe haber un eficaz control sobre la construcción de las nuevas edificaciones, para que se pueda garantizar tanto que no perturben este paisaje cultural así como la seguridad de sus potenciales usuarios, ya sean visitantes o residentes.
Aun cuando —por ahora— para el Centro del Patrimonio Mundial no hay especial preocupación por el monumento en sí mismo, ya ha encontrado serias deficiencias en la presentación e interpretación del sitio. Es decir, la información que se proporciona a los turistas no contribuye al entendimiento del significado cultural y natural de Machu Picchu.
En el amplio marco de los recientes conflictos por el uso de los espacios amazónicos, apremia que en las mesas de diálogo para la resolución de conflictos, así como en los talleres de información y conocimientos sobre esta llacta inca, tanto el sector público como privado tengan en cuenta la integración, cooperación, transparencia en la ejecución de acciones de responsabilidad compartida. Este es requisito indispensable para la gobernabilidad de este Santuario Histórico.
La tumba de Pachacútec
La Tumba Real o de Pachacútec, han explicado Víctor Carlotto y asociados en el 2007, presenta tres paredes que sirven como muros para estabilizar el bloque de caos granítico y es parcialmente un techo natural. En la parte superior, este bloque enorme soporta el Torreón y los incas aprovecharon de la inclinación de la roca para construir un recinto en la parte inferior. El peso del bloque apoyado sobre el muro, incluyendo el sobrepeso del Torreón edificado sobre el bloque de roca, ha ejercido presión sobre su estructura, desestabilizándola por problemas de su fusión y por la constante saturación del suelo, incidiendo en su cimentación. La pared oeste muestra también un sistema de separación de juntas y pequeñas fracturas, en el contacto con la roca inclinada que sirve de techo.
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Antes de Bingham. Según el autor, los cusqueños tuvieron una relación fluida con la ciudadela mucho antes de que llegara la expedición de Yale.
Por: Jorge Flores Ochoa*
Antropólogo cusqueño
Los cusqueños tienen, tenemos, dos actitudes en relación con Machu Picchu. Admiración, orgullo, considerarse descendientes legítimos de sus constructores, frente a comportamientos que lindan con la irracionalidad. Para comprenderlo trataremos algunas referencias a sucesos de fines del siglo XIX e inicios del XX. Machu Picchu no fue desconocido ni demandó sacrificios extremos para llegar a él. De hacienda real inca pasó a encomienda de Hernando Pizarro en 1539. Desde entonces su historia hasta 1877 es conocida, como remarca el historiador Donato Amado. La documentación histórica de cambios de propiedad de Machu Picchu son precisos, llegando del siglo XVI al XIX.
Mapas A partir del siglo XIX se cuenta con mapas, del fechado en 1877 a los de 1878, 1880, 1881, 1904, hasta 1910. Algunos ubicados y todos difundidos por la historiadora Mariana Mould de Pease, evidencian la existencia de Machu Picchu. Fueron elaborados por viajeros, buscadores de tesoros y minas, constructores de caminos, huaqueros, empresarios, busca fortunas que precedieron a Bingham. Los mapas señalan con exactitud la ubicación y el nombre de Machu Picchu, años antes de que Bingham supiera de “la hacienda real de Pachukuti”. El historiador estadounidense conocía los mapas y los utilizó, como evidencia su archivo personal conservado en la Universidad de Yale.
La ciudad y el valle Machu Picchu no era el fin del mundo. De Ollantaytambo a la ciudadela existía camino apto para el tránsito de las carretas, que transportaban durmientes para prolongar el ferrocarril desde Sicuani a la ciudad del Cusco. La tala fue principal actividad en las haciendas de la región, al punto que agotaron los bosques. Hoy solo quedan nombres como Cedrobamba, “la tierra de los cedros”. El viaje en caballo, de Ollantaytambo a Machu Picchu, no demandaba más de un día.
Haciendas y hacendados El valle del Urubamba se angosta a partir de Ollantaytambo, cambiando en cañón estrecho, que no impidió la formación de haciendas. No existieron comunidades indígenas. Los trabajadores agrícolas requeridos procedían de diferentes zonas de la región, trabajaban parcelas a cambio de días de trabajo en la hacienda. La reforma agraria cambió este sistema al convertir a los campesinos en dueños de sus parcelas.
Las haciendas fueron grandes propiedades, como la de Justo Zenón Ochoa, formada por los sectores de Pampacahua, Cedrobamba, Mandor y Collpani. El caserío de la hacienda se hallaba en Mandor. En sus tierras se estableció el campamento del ferrocarril a Quillabamba y se convirtió en punto final del tren. Dio origen a viviendas precarias con los nombres de Aguas Calientes, Punta Rieles o Máquina. Hoy día ha cambiado por Machu Picchu Pueblo, motivado por razones mercantiles. Sus antepasados, los hermanos Pablo y Antonio Ochoa compraron tierras a Manuela Almirón y Villegas: “[...] nombrados Quenti, Carmenga, Picchu, Machupicchu, Guaynapicho [...]. Las vendieron a Marcos Antonio de la Cámara y Escudero el 3 de diciembre de 1782. Años después, a fines del siglo XIX, Justo Zenón Ochoa adquirió Mandor.
Los hacendados residían en el Cusco, puesto que eran abogados, funcionarios o comerciantes. Sus hijos, como era costumbre, pasaban vacaciones en sus propiedades. Visitaban lugares arqueológicos, como la hacienda Cutija con su sector de Machu Picchu. Seguramente también huaqueaban. Así hicieron los hijos de Justo Zenón Ochoa, los dueños de Mandor, cazando venados o visitando sitios arqueológicos, que siempre llamaron la atención de los cusqueños. No era interés científico al estilo moderno, tenía más bien mucho de aventura.
Preocupación Hay incertidumbre sobre qué hacer para cuando se cumplan cien años del arribo de Hiram Bingham a Machu Picchu. Un sector considera que no se puede celebrar, cuando la Universidad de Yale se niega a devolver lo que se prestó a Bingham. Otros piensan en los beneficios que pueden lograr, con el arribo de visitantes motivados por el acontecimiento. El sector preocupado por el patrimonio cultural siente que Machu Picchu se halla en peligro, principalmente por el desboque del turismo y necesita medidas urgentes de protección.
No se respeta el número de visitantes. El límite de 2.000 por día hace tiempo que ha sido excedido. Existen empresarios que consideran que el problema no es el número de visitantes por día, sino su ingreso y salida. Con criterio de coliseo deportivo, proponen más puertas, para que el ingreso y salida sea más rápido, calculan que pueden ingresar 4.000 o nada menos que 10.000. No faltan los que proponen que no se pongan límites y el mercado determine el número de visitantes. Todo con la complacencia — casi digo complicidad — del Instituto Nacional de Cultura, que existe pero que no tiene vida ni interés en la protección y cuidado del patrimonio cultural.
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Muchas gracias.
El ostensible retroceso de los glaciares por efecto del calentamiento global está cambiando el paisaje y recortando el atractivo de la cadena montañosa que alberga los picos más altos de nuestro país.
Los millones de gotas que diariamente caen y se desprenden de los nevados de la Cordillera Blanca no hacen sino reafirmar una realidad más que evidente: la cadena montañosa tropical más alta del mundo agoniza a causa del calentamiento global.
Según un estudio difundido esta semana por la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), las áreas de glaciares de la Cordillera Blanca han retrocedido 27% desde 1970, es decir 1,06% más con relación a la anterior evaluación realizada en el 2003 (25,94%).
Para entender mejor el problema solo basta atender a un pequeño dato: hasta 1976 los glaciares retrocedían ocho metros por año, hoy lo hacen 20 metros anuales. Un ritmo acelerado que ya causó la desaparición del glaciar Broggi en el 2005 y que, según los cálculos de los científicos, acabará con el Yanamarey en seis años aproximadamente.
Pero el caso más emblemático del deshielo en la Cordillera Blanca, sin duda, es el del Pastoruri. Un recorrido por la Cordillera Blanca nos permitió comprobarlo. Atrás quedaron los días en que este era un mágico escenario capaz de cautivar a quienes lo visitaban para apreciar y gozar de su hermoso y extenso manto de nieve. De lo que hasta hace unos años fue el ícono de la actividad turística de Huaraz queda cada vez menos. El calentamiento global lo está haciendo pedazos. Y tal parece que no hay nada que se pueda hacer para frenar su inexorable final. Ocho o diez años. Nada más. Eso es lo que falta para que el Pastoruri, ese nevado del que hoy solo parecen quedar buenos recuerdos, pierda completamente ese pequeño manto blanco que pudorosamente trata de ocultar una desnudez cada vez más grande.
Fuente: El comercio [sección Especial - A32] edición del domingo 12 de Julio 2009 Lima- Perú.
Por: Joaquín Ortiz Rivarola.
Espero vuestros comentarios.
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A continuación un audio del grupo musical "Los Campesinos"
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Este ejercicio es básico y sencillo pero ayuda mucha a desarrollar tu lectura musical con el instrumento, nuestra Quena.
La primera nota ubicada en el 3er espacio adicional inferior es Sol de primera 8va. (todos los orificios tapados).
Practica tu dominio del pulso y afinación.
Cuida la calidad de tu sonido, muy importante.
Debajo la plantilla de notas.
A divertirce, hasta pronto.
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